“Jaime I nació el 1 de febrero de 1208 en Montpellier, hijo de Pedro II de Aragón, llamado "el Católico", y de María de Montpellier, señora de aquella ciudad occitana. Las crónicas coinciden en que el matrimonio, concertado por razones políticas, estaba lejos de ser feliz: las crónicas de la época narran la escasa afección que el rey Pedro II sentía por su esposa María de Montpellier, y el propio Jaime, en su Llibre dels fets, relata que su padre no quería ver a su madre.”...
Aquí es donde la historia se convierte en leyenda. Según la versión más repetida por los cronistas medievales, Pedro II estaba prendado de otra dama de la corte de Montpellier, y un grupo de nobles y prohombres de la ciudad, preocupados por la falta de descendencia, urdieron una estratagema para que el rey yaciera con su legítima esposa sin saberlo.
El propio Jaime I, ya adulto, narra el episodio en su crónica personal, el Llibre dels feyts, aunque de forma muy escueta y el rey afirma que el necesario encuentro entre sus padres se produjo gracias a los buenos oficios de un cortesano, sin entrar en mayores detalles por pudor filial.
Quien sí desarrolla el relato con detalle es el cronista Bernat Desclot, contemporáneo o casi contemporáneo de los hechos. Según su versión, la reina, al saber que su marido pretendía a una cortesana más agraciada que ella, se valió de un intermediario para hacer creer al rey que era esa dama quien accedía a complacerle, aprovechando la oscuridad de la alcoba por el carácter reservado de la supuesta amante. Consumado el encuentro, fue la propia María quien reveló el engaño a la mañana siguiente, y Pedro II terminó perdonándola.
Otras versiones, como la recogida por National Geographic Historia a partir de crónicas como la de Jerónimo de Zurita, sitúan el origen de la trama en los propios cónsules de Montpellier; el rey habría caído en una estratagema planeada por los cónsules y prohombres de la ciudad para procurar un heredero legítimo a la corona, entrando en una alcoba de palacio convencido de que allí le esperaba la doncella que cortejaba, cuando en realidad era su esposa. Al amanecer, los cortesanos le revelaron la verdad.
Del embarazo resultante nacería, nueve meses después, el futuro Jaime I. La elección de su nombre tiene también su propio ritual legendario: según cuenta Jerónimo de Zurita, María de Montpellier mandó encender doce velas de idéntico peso y tamaño, cada una con el nombre de un apóstol, para que el nombre del niño fuera el de la vela que ardiera más tiempo —de ahí el nombre de Jaime (Jaume/Jacob), por el apóstol Santiago.
La infancia del futuro rey estuvo marcada por otro episodio duro y perfectamente histórico, sin nada de legendario: en 1213, apenas con cinco años, tras la derrota y muerte de su padre Pedro II en la batalla de Muret, el pequeño Jaime quedó como rehén del vencedor, el cruzado Simón de Montfort. Solo la intervención papal permitió después su liberación y entrega a la Orden del Temple para su educación.
Superado ese comienzo turbulento, Jaime I llegaría a convertirse en uno de los grandes monarcas medievales de la Península; conquistó Mallorca (1229) y Valencia (1238), constituyendo ambos territorios en reinos propios dentro de la Corona de Aragón, y sentó las bases de la expansión mediterránea aragonesa.
En el contexto artístico Francisco Ribalta fue el gran pintor barroco de estilo tenebrista que se estableció en Valencia a finales del siglo XVI. La leyenda urbana vincula el nombre de Ribalta con augurios oscuros, desgracias familiares o la supuesta maldición que pesaba sobre ciertos mecenas y construcciones nobles de la ciudad asociadas a su estirpe o a zonas monumentales (como el desaparecido Palacio de Ripalda, un capricho neogótico levantado en el Paseo de la Alameda que terminó demolido en 1967 tras décadas de abandono y especulación). La confusión toponímica nace popularmente al mezclarse el apellido del pintor Ribalta (o el parque de Castellón/Valencia) con los dominios de la Condesa de Ripalda y su famoso pasaje comercial en el centro histórico.Conviene subrayar el estatus real de esta historia no es un documento notarial ni un hecho verificable con certeza absoluta, sino un relato que combina la discreta alusión del propio Jaime I en su crónica con el desarrollo narrativo, ya claramente legendario, de cronistas posteriores como Desclot. Historiadores actuales suelen tratarlo como parte del "aura milagrosa" con la que las crónicas medievales envolvieron el nacimiento de un rey que, a posteriori, resultó decisivo para la historia de la Corona de Aragón —el tipo de relato providencial que se construye retrospectivamente alrededor de grandes figuras.

BIBLIOGRAFÍA
- -National Geographic Historia, "Jaime I el Conquistador, el rey que sentó las bases de la corona de Aragón": historia.nationalgeographic.com.es/a/jaime-i-conquistador_18695
- -Alicante Vivo, "La leyenda de Jaime I el Conquistador".
- -Rutas Jaume I, "El providencial nacimiento de Jaume I".
- -Pantoja Romero, A. (2010). "La Acequia de los Enamorados". El Salt, 21, 22-25.
- -El Historicón, "Jaime I, el rey de las dos cabezas".
- -El Debate, "La difícil infancia de Jaime I, el rey que acabaría siendo el gran Conquistador".
- -info-playas.com, "Un Rey de Leyenda: Jaume I el Conquistador".
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