“Esta vez nos trasladamos a la comunidad vecina de Murcia para ver en el imaginario popular de Yecla, y por extensión de buena parte del Altiplano murciano (con ecos también en Jumilla), pervive desde hace siglos la historia de un ser oscuro y temido; "Diente Negro el Penitente". Se trataba, según la tradición oral, de un demonio con pies de ave, disfrazado con el hábito de un fraile franciscano, que recorría de noche los caminos y sendas de la comarca poniendo a prueba la fe de campesinos, pastores y viajeros solitarios.”...
La versión más difundida hoy en la ciudad cuenta que un mozo de mulas, de vida poco ejemplar, salió de noche de la casa de Don Gabriel Ortuño —contigua a la parroquia del Niño Jesús— para llevar a beber a las mulas a un manantial cercano, tras una larga jornada de trabajo. En el camino se le apareció un hombre menudo, vestido con hábito franciscano, que le preguntó por la ubicación de la finca de la Magdalena, donde según decía existía una comunidad de frailes. El mozo le indicó el camino correcto sin sospechar nada.
Fue al agacharse para atarse las alpargatas cuando el labrador reparó en el detalle que lo cambiaba todo: los pies de aquel «fraile» no eran humanos, sino de ave. Presa del pánico, montó en su mula y huyó a todo galope hacia su casa, junto a la iglesia del Niño Jesús, con el demonio pisándole los talones sin lograr darle alcance. Al llegar al postigo, el mozo entró y cerró la puerta de golpe; el demonio, furioso, posó su mano sobre la madera y la quemó, dejando una marca que —según cuenta la tradición— se conservó durante generaciones como testimonio del suceso.
La narración más extensa y detallada que se conoce procede del cronista local Pascual Giménez Rubio, en su obra Memoria de apuntes para la historia de Yecla (1865). Según esta versión, más rica en matices, el protagonista era un mozo de mulas al servicio de Don Gabriel Ortuño que, tras llevar una vida «relajada y de viciosas costumbres», había comenzado a enmendarse gracias a las exhortaciones de quienes se interesaban por su bien.
Una noche, mientras regresaba de abrevar a las mulas, se le presentó un desconocido que lo retó a seguirlo para «ventilar ciertos asuntos» lejos del pueblo. El mozo, que no era hombre medroso, aceptó el desafío. Caminaron juntos en dirección a la fuente antigua y, al llegar a un paraje conocido como «el rebalso», el joven notó que su acompañante no tenía los pies de forma humana. El desconocido, mientras tanto, lo increpaba por haber abandonado sus antiguas amistades para ingresar en una cofradía de penitentes, acusándolo de cobardía y de «hacer pública ostentación de beatería» —un detalle que sugiere que el propio demonio se presentaba como voz tentadora contra la conversión religiosa del muchacho—.
Comprendiendo que caminaba junto a Satanás, el mozo fingió detenerse para arreglarse el calzado, ganó distancia y, invocando nombres santos, corrió hasta el postigo de su casa, entrando y cerrándolo de golpe. El desconocido, que lo perseguía de cerca blasfemando, llegó a tiempo de posar la mano sobre la puerta ya cerrada, dejando en la madera una marca de quemadura que, según Giménez Rubio, todavía podía verse en 1865, aunque la tabla original había sido sustituida por otra nueva para evitar la curiosidad de los vecinos.
El desenlace de esta versión añade un giro hagiográfico y el mozo de mulas, convertido tras aquel encuentro, ingresó en la orden descalza de San Francisco, llegó a ser sacerdote y predicador famoso —conocido, según esta fuente, como fray Martín de la Mota— y predicó varias cuaresmas en Yecla antes de morir en el convento de Villena «en la más santa reputación».
No todas las fuentes coinciden en los detalles. El investigador Juan Francisco Jordán Montés, en su artículo «Oraciones y fórmulas tradicionales en Yecla» (Revista Murciana de Antropología, 1994), recoge una versión algo distinta en la que el protagonista no es un mozo de mulas cualquiera, sino un campesino no creyente cuya madre, a escondidas, le había cosido una cruz en la ropa, a la altura del pecho, para protegerlo. Según esta versión, tras la persecución y el frustrado ataque del demonio, este exclama con rabia: «¡Anda que si no fuera por las reliquias que tu madre te puso no te habrías librado de mí!» —una frase que revela con claridad la función moralizante y pedagógica de la leyenda: enseñar a los niños a no desprenderse nunca de las medallas y reliquias que sus madres les colocaban para protegerlos.
El libro Yecla, memorias de su identidad, coordinado por el arqueólogo Francisco Muñoz, aporta todavía otra variante sobre la identidad real del protagonista ya que no habría sido un mozo de mulas, sino un «mancebo galán» que en 1692 ingresó en la orden descalza del convento de Santa Ana del Monte, en Jumilla, bajo el nombre de fray Pedro Ortega (y no fray Martín de la Mota, como decía Giménez Rubio). Según esta fuente, apoyada en noticias de fray Pascual Salmerón a finales del siglo XVIII, aquel religioso llegó a ser un predicador reconocido, además de Guardián y Definidor de la Provincia franciscana, y autor de varios tratados de moral.
Esta disparidad entre fuentes —el nombre del protagonista, su oficio, el año exacto, incluso el nombre religioso que adoptó— es habitual en la transmisión oral de leyendas locales, y los propios investigadores yeclanos la señalan como prueba de que el relato carece de base histórica verificable, funcionando más bien como un «cuento moralizante» typical de la crisis social y religiosa del siglo XVIII.
Los estudiosos que se han ocupado de esta tradición coinciden en señalar su carácter didáctico. Según recoge el libro Yecla, memorias de su identidad, estos relatos «carecen de carta de naturaleza histórica» y, en su época, sirvieron para amedrentar a las gentes e imponer ciertos hábitos de buena costumbre mediante el temor, el castigo y la amenaza; también pudieron responder al interés de la orden mendicante franciscana, entonces instalada en Yecla, por reforzar su prestigio y su papel espiritual en la comunidad.
Además, según explica el cronista David Val Palao recogiendo el testimonio de Jordán Montés, la historia se narraba tradicionalmente a los niños pequeños yeclanos para que nunca se desprendieran, en sus juegos y en su vida diaria, de las medallas religiosas que sus madres les prendían en la ropa como protección frente a todo mal. El demonio solo podía hacer daño a quien no portaba reliquias; quien las llevaba, quedaba a salvo de sus acechanzas.
Un artículo más reciente de Murcia Plaza confirma esta lectura, subrayando que la leyenda sirvió durante generaciones —hasta bien entrado el siglo XX— para educar mediante el temor y quedó profundamente anclada en la idiosincrasia popular de Yecla.
Todas las versiones coinciden en situar el desenlace del relato junto a la Iglesia del Niño Jesús, en la calle Juan Ortuño, muy cerca de la casa de Don Gabriel Ortuño donde trabajaba el protagonista. Este entorno urbano, hoy integrado en el casco histórico de Yecla, sigue siendo el punto de referencia que la propia ciudad reivindica al recuperar la leyenda en sus rutas de misterios y tradiciones, especialmente en las fechas cercanas a Halloween y Todos los Santos.
Diente Negro no es una figura aislada sino forma parte de un corpus de leyendas y seres fantásticos propios del Altiplano y de la Región de Murcia, entre los que se cuentan la Dama Eruvigi, la Capilla Maldita de la iglesia de San Francisco o la Encantada de las Tosquillas, en Caravaca de la Cruz. Todos ellos comparten el mismo sustrato y relatos orales de raíz religiosa y moral, transmitidos de generación en generación, que mezclan elementos demoníacos con la vida cotidiana de los pueblos murcianos de los siglos XVIII y XIX.Como ocurre con toda leyenda de transmisión oral, existen variantes que difieren en el nombre del protagonista, la fecha exacta y el destino final del personaje. Este artículo recoge y contrasta las principales versiones documentadas, sin que ninguna de ellas tenga valor de hecho histórico probado.

BIBLIOGRAFÍA
- -Giménez Rubio, Pascual. Memoria de apuntes para la historia de Yecla. Yecla, Impresiones Juan Azorín, 1865, pp. 180-182.
- -Jordán Montés, Juan Francisco. «Oraciones y fórmulas tradicionales en Yecla». Revista Murciana de Antropología, nº 1, Murcia, 1994, p. 87.
- -Martínez Nicolás, Salvador. «Leyendas Murcianas». Revista de Estudios Yeclanos, Yakka, nº 7, Yecla, 1996, pp. 154-155.
- -Delicado Martínez, Francisco J. «La devoción popular en Yecla». Revista de Estudios Yeclanos, Yakka, nº 7, Yecla, 1996, p. 87.
- -VV. AA. Yecla, memorias de su identidad (coord. Francisco Muñoz). Editum / Ayuntamiento de Yecla, Yecla (Murcia), 2009, p. 187.
- -Val Palao, David. «La leyenda de Diente Negro, el Penitente», blog Apuntes de un cronopio, enero de 2011.
- -Ayuntamiento de Yecla / Redescubre Yecla. «La leyenda de Diente Negro, el Penitente» y «Descubre los misterios y leyendas de Yecla en Halloween», turismo.yecla.es.
- -«La leyenda de 'Diente Negro', el demonio que perseguía a los no creyentes en Jumilla y Yecla», Murcia Plaza, 2025.
- -Bestiario del Hypogripho, «Seres de la Región de Murcia», tuscriaturas.miraheze.org.
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