“La Santa Compaña es la reunión de almas del Purgatorio para un fin determinado, y quien la dirige solo se libera entregando la cruz y el caldero a otra persona antes de que se haga un círculo en la tierra. Su aparición anuncia por lo general a quien la ve su futuro fallecimiento, a veces mostrando a los muertos con el ataúd de quien la presencia. Se reconoce por una niebla espesa y el olor a cera en el aire. Su origen no es preciso: podría remontarse a épocas precristianas, cuando los celtas habitaban la región. Y para no ser arrastrado, las tradiciones indican que no se les debe mirar directamente.”...
Dicen que hay noches en que el aire cambia antes de que uno se dé cuenta. Se detiene el viento, los perros dejan de ladrar y la niebla sube desde la tierra, espesa, húmeda, como si el monte respirara. Y entonces llega el olor a cera quemada, dulzona y fría, a iglesia vacía.
Ahí es cuando uno debería echar a correr. Casi nadie lo hace a tiempo.
Imagina un camino de aldea, a finales de octubre, cuando las noches se alargan y los muertos, según los viejos, andan más cerca de los vivos. Vuelves tarde a casa. Conoces cada piedra del sendero, pero esta noche algo no encaja y no se oye ni un grillo ni una rama.
Entonces ves las luces; son pequeñas, amarillas y temblorosas, y avanzan en fila por el camino, a lo lejos. Serán velas. Al principio piensas en una romería o en un funeral tardío, y casi te tranquiliza.
Pero nadie camina así. No se oyen pasos ni rezos, solo ese silencio pesado, y la fila no se acaba nunca.
Al frente va un hombre vivo, o lo que fue un hombre vivo. Lleva una cruz en alto y un caldero, y tiene la mirada perdida de quien ya no manda sobre su propio cuerpo. Detrás de él se arrastran las ánimas, hileras de figuras pálidas envueltas en sudarios, con velas encendidas en las manos huesudas.
No las mires.
Esta es la regla que los abuelos repiten bajito, como quien conjura: no las mires de frente.
Pero la curiosidad es una trampa vieja. Algo en ti quiere saber a quién llevan, qué rostros ocultan los sudarios. Levantas la vista justo cuando la procesión pasa a tu altura, y entonces lo ves.
En el centro de la fila, cuatro sombras cargan un ataúd. La tapa está abierta, y dentro hay un cuerpo con tu ropa y tu cara, con los ojos cerrados y las manos cruzadas sobre el pecho. Esa es la señal.
La Santa Compaña no viene a buscarte hoy, viene a avisarte de que ya tiene preparado tu lugar. El caldero y la cruz.
Hay algo peor que verla y es que la Compaña te vea a ti.
Si el que va delante, el que porta la cruz y el caldero, clava en ti esos ojos vacíos, el destino cambia de manos. Él no puede descansar hasta encontrar a otro vivo que acepte el peso. Entonces te tiende la cruz y el caldero, y en el instante en que los tocas, algo se rompe dentro de ti. Él se desploma, libre por fin y exhausto.
Tú ocupas su lugar.
Desde esa noche caminarás cada madrugada sin recordarlo. Despertarás con barro hasta las rodillas, con el cuerpo molido y la boca seca, mientras tu rostro se vuelve cada día más gris. Y detrás de ti, en la oscuridad, las velas seguirán encendidas.
Los viejos cuentan que el único modo de escapar es dibujar un círculo en la tierra y meterse dentro, o llevar una cruz, o salir corriendo en dirección contraria sin volver la vista. No siempre funciona. Dicen también que los que estaban más cerca de la procesión son los primeros en morir.
Nadie sabe de dónde viene esta pesadilla. Algunos la remontan a los celtas y a sus creencias sobre el tránsito entre el mundo de los vivos y el de los muertos, y la ligan al Samaín, la fiesta de la noche del 31 de octubre. Otros hablan de almas del Purgatorio que vagan en busca de descanso. En otras latitudes, la procesión tiene otro nombre, la Güestia, y las velas se cambian por huesos encendidos.
Hay quien dice que los peregrinos que caminaban de noche rumbo a Santiago se topaban con ella en los tramos más solitarios, y que por eso la leyenda viajó tan lejos. Incluso en Mallorca hay quien cuenta que, en noches señaladas, unos monjes expulsados caminan en fila por el monte, como una Santa Compaña de otra tierra.
Tal vez sea solo un cuento para que los niños vuelvan pronto a casa. Tal vez. Pero si alguna noche de octubre hueles cera donde no hay iglesia, si la niebla sube de pronto del suelo y los perros callan, no mires. Dibuja un círculo, aprieta una cruz y reza lo que sepas.
Y, sobre todo, no preguntes de quién es el ataúd.

BIBLIOGRAFÍA
- -Viaje Camino de Santiago: “El Samaín en Galicia: relación con Halloween y tradiciones celtas”
- -Cultura Genial: “7 leyendas de España que te sorprenderán”
- -Psicología y Mente: “10 mitos de terror basados en historias inquietantes”
- -mallorcadiario.com: “Leyendas misteriosas de Mallorca: la Santa Compaña mallorquina y el demonio de La Trapa”
- -Telecable: “Asturias, Galicia y Euskadi, tierras de leyendas y mitos”
- -Geneseo en español: “The Legends and Myths of Spain”
- -La mente es maravillosa: “Los amantes de Teruel y otras 15 leyendas españolas famosas”
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