“Corría el año 1238 cuando el rey Jaime I de Aragón se disponía a culminar uno de los episodios más importantes de la Reconquista: la toma de la ciudad de Valencia, entonces bajo dominio musulmán. Cuenta la tradición popular que, antes de lanzar el asalto definitivo, el monarca hizo una promesa a sus tropas: quienes lograran entrar primero en la ciudad recibirían el honor de repoblarla con mujeres traídas desde sus propios lugares de origen.”...
Según narra la leyenda, fueron tres soldados procedentes de Lérida los primeros en franquear las murallas de la ciudad, y sobre ellos recayó el privilegio prometido por el rey. Fiel a su palabra, Jaime I dispuso que se trajeran hasta Valencia trescientas doncellas leridanas, destinadas a convertirse en esposas de los nuevos pobladores cristianos.
De aquella singular repoblación surgieron, de manera casi inmediata, siete matrimonios cuyos nombres la memoria popular conservó durante siglos: Pere y Maria, Guillem y Berenguera, Ramon y Dolça, Francesc y Ramona, Bernat y Floreta, Bertran y Berenguera, y Domènec y Ramona.
Lo que distingue a esta leyenda de tantas otras es que dejó una huella tangible, esculpida en piedra, que todavía puede contemplarse hoy. En la Catedral de Valencia, sobre el arco de la conocida como Puerta del Palau —también llamada Puerta de la Almoina, Puerta de Lérida o Puerta Románica, por ser el elemento más antiguo del templo—, catorce cabezas talladas forman siete parejas dispuestas sobre la arcada, sosteniendo el tejaroz, con sus nombres inscritos debajo de cada una. Un detalle curioso, que ha alimentado durante generaciones las interpretaciones sobre su significado, es que estas siete parejas aparecen alternativamente coronadas: una con corona, la siguiente sin ella, y así sucesivamente.
Esta puerta recibió el nombre de "de l'Almoina" por una institución caritativa fundada en 1238 por el obispo Ramón Despont, mientras que la denominación "del Palau" proviene de su cercanía al antiguo palacio episcopal. Se trata, además, del elemento románico más antiguo conservado en la ciudad de Valencia y de la parte más vieja de la propia Catedral.
Aunque se transmitió de forma oral durante siglos, la leyenda tiene también un origen escrito documentado. Fue el historiador Pere Antoni Beuter quien la recogió en su obra "Segunda parte de la Crónica General de España", publicada en 1551, atribuyendo las cabezas a siete matrimonios leridanos que acudieron a repoblar Valencia trayendo consigo a trescientas doncellas para casarlas con los nuevos colonos.
Con el paso del tiempo, algunas versiones de la historia elevaron la cifra de doncellas a setecientas, aunque la tradición más extendida —y la que da nombre a la leyenda— mantiene el número de trescientas.
Sobre la autoría de la propia puerta también existe controversia entre los historiadores: mientras algunos la atribuyen al escultor Arnau Vidal, en torno a 1260-1270, otros defienden que es anterior a la construcción de la nueva catedral, levantada para sustituir el antiguo mihrab, el espacio más sagrado de la mezquita que ocupaba aquel solar.
Las cabezas, que en su origen conservaban restos de policromía, siguen despertando la curiosidad de quienes pasean hoy por la plaza de la Almoina. Entre historia, leyenda y piedra, la Puerta del Palau recuerda una de las páginas fundacionales de la Valencia cristiana: la llegada de aquellas mujeres leridanas que, según cuenta la tradición, ayudaron a dar origen a una nueva ciudad.Artículo elaborado a partir de la busqueda de fuentes divulgativas pertenecientes a la Web por CLAUDE IA
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- TITULO DE LA PUBLICACIÓN: La leyenda de las Trescientas Doncellas. ®
- FECHA DE LA PUBLICACIÓN: 26/08/1960 a las 11:42.
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