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EnriqueCutillasBernal
“En un lugar costero, al sur de la comarca de la Marina Baja encontramos varios museos de chocolate, como los de las factorías Clavileño, Valor o Pérez, pues la localidad llegó a albergar en torno a treinta industrias dedicadas al procesamiento del cacao.”...

En un lugar costero, al sur de la comarca de la Marina Baja (Alicante), encontramos la ciudad de Villajoyosa —en valenciano La Vila Joiosa (la villa alegre) y, como es allí conocida, simplemente «La Vila»—, municipio de gran atractivo turístico, de tradición chocolatera y marinera, y de difícil acceso hasta bien entrado el siglo XX, ya que la escarpada orografía de su entorno dificultaba bastante esta tarea.

En La Vila encontramos varios museos de chocolate, como los de las factorías Clavileño, Valor o Pérez, pues la localidad llegó a albergar en torno a treinta industrias dedicadas al procesamiento del cacao. Pero como la mayoría de municipios costeros, La Vila también se dedicó desde muy antiguo a la actividad pesquera, cuyos trabajadores —los pescadores— erigieron sus casas, cuando la villa comenzó a extenderse a extramuros, en primera línea de playa, hacia finales del siglo XVIII. En diferentes ocasiones, los trabajadores del mar tenían que pasar varios días fuera de casa, faenando y —según testimonio recogido en la propia ciudad, en noviembre de 2015—, incluso navegaban hasta las Islas Canarias para la pesca del calamar.

Como es lógico, por aquellos tiempos no existían las emisoras de radio ni los teléfonos móviles, aunque estos tampoco resultan de utilidad hoy en día —a no ser que operen con señal satelital—, a bordo de una embarcación pesquera que faena a varias millas de la costa, ya que solo los grandes barcos vacacionales (cruceros) disponen de antenas repetidoras para ofrecer cobertura móvil y, según parece, a una tarifa que determina la propia compañía de vacaciones.

En cualquier caso, si nos remontamos a la época en que los pescadores vileros —y los de cualquier otra parte del mundo— no disponían de los avances tecnológicos actuales, podemos imaginar cuan incomunicados se debían sentir, cuando debían estar una larga temporada fuera de su hogar para traer el sustento necesario. 
A su regreso a La Vila o, tal vez, de pasada frente al municipio pero sin previsión de volver pronto, los marineros observaban desde la lejanía la fachada de sus correspondientes casas, las cuales habían pintado, cada uno, de un determinado color, diferente al de las casas inmediatamente adyacentes. En tierra, en función de los sucesos que pudieran haber acaecido a la familia de un determinado pescador, en su correspondiente fachada se colocaban diferentes telas u objetos para transmitir un mensaje concreto. 
Por ejemplo —según testimonio recogido en noviembre de 2015 en La Vila—, para indicar que alguien de la familia había fallecido, se colocaba una sábana blanca y, así, desde la lejanía el pescador podía conocer la noticia —aunque, tal vez, sumido en una profunda incertidumbre—.

De este modo, las casas de La Vila Joiosa y de otras partes del mundo, han hablado desde antaño a sus propietarios, como en la isla veneciana de Burano (Italia), en la cual los pescadores pintaban sus casas para identificarlas en jornadas de espesa niebla.

No hay mucha información, en internet, sobre el caso de La Vila. Si eres vilero/a o si conoces más acerca de la metodología antaño utilizada para enviar mensajes a los pescadores, por favor, compártelo más abajo en los comentarios.
CREDITOS
  • REDACCIÓN: Adán Agulló  Copyright ©
  • FOTOGRAFÍA DE PORTADA: Generada IA - CHATGTP ® 
  • PUBLICADO EN: Sendas y Leyendas  Copyright ©
  • LINK: http://sendasyleyendas.com/2015/12/las-casas-que-hablaban-a-los-pescadores/  Copyright ©
  • TITULO DE LA PUBLICACIÓN: Las casas que hablaban a los pescadores. ®
  • FECHA DE LA PUBLICACIÓN: 26/12/2015 a las 11:42. 
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TEXTOS: Adán Agulló © | Las casas que hablaban a los pescadores | Copyright ©️